jueves, 17 de julio de 2008

Cabaret

Cabaret (1972)

Berlin, 1931. El jóven escritor inglés Brian Roberts (Michael York), llega a la capital alemana en busca de nuevas vivencias. En la pensión donde se aloja coincidira con Sally Bowles (Liza Minelli) bailarina del cabaret Kit Kat Club, con la que irá creando una estrecha amistad. Brian decide trabajar dando clases de ingles para ganarse la vida, lo que le permitirá conocer a una serie de personajes como el buscavidas Fritz Wendel, amigo de Sally, y Natalia Landauer, hija de un rico comerciante judío a la que Fritz pretende seducir. Brian y Sally comienzan un romance que se vé complicado por la aparición en escena el Baron Max von Heune (Helmut Greim), antiguo amante de Sally que iniciará un triángulo amoroso con esta y Brian, aunque ambos descubrirán pronto que han sido solo un capricho pasajero para el barón.

Dentro del género músical podemos distinguir, a grosso modo, dos clases de películas: aquellas que priman ante todo la parte artística y músical, usando el argumento como mero pretexto; y aquellas otras que ofrecen algo más que los números musicales, desarrollando una historia al servicio de la cual se ponen las partes musicales. Sin duda, “Cabaret” es el mejor exponente del segundo tipo de films y uno de los mejores musicales de todos los tiempos. Y como suele ocurrir en estos la gestación de la película tiene una rica historia detrás.

A finales de los años 20, el escritor británico Christopher Isherwood, llegó a Berlin en busca de nuevas experiencias. Isherwood, un aventurero, bohemio y homosexual declarado, tuvo la ocasión de vivir una época única, en una Alemania sacudida por la inflación y el paro, pero a la vez muy liberal en las costumbres y en la que se respiraba un ambiente que favorecía la creatividad de los artistas. Basándose en sus vivencias y recuerdos de aquella época, Isherwood escribiría un libro que tituló Goodbye to Berlin (1939) ("Adios a Berlin"), en el que reflejó a la perfección el ambiente decadente y libertario del Berlin de principios de los 30, con la sombra del nazismo que ya aparecía en el horizonte.
La obra de Isherwood tenía un potencial bastante grande para ser adaptada escénicamente, y la primera versión teatral de la misma se llevó a los escenarios en 1952, con el titulo “I am a camera” ("Soy una camara"). Pero las adaptaciones de la obra de Isherwood no se quedaron ahí, y en 1966 se hizo una nueva versión en forma de adaptación musical, en el que ya se había cambiado el título, dándole el definitivo de “Cabaret”. Este musical tuvo tal éxito de crítica y público en Broadway que la obra se mantuvo en cartel durante más de 1.000 representaciones. Una obra de tanto éxito no podía pasar desapercibida para Hollywood, y era solo cuestión de tiempo que se llevara a la gran pantalla.

La labor de dirigir la adaptación cinematográfica de Cabaret se encargaria a Bob Fosse lo cual supuso una cierta sorpresa. Fosse, un antiguo bailarín, y brillante coreográfo, habia trabajado montando distintas coreografías para los estudios de Hollywood, pero su experiencia como director era casi nula, pues solo había dirigido en una ocasión, un film titulado “Noches en la Ciudad” y el resultado había sido un fracaso comercial absoluto. Pese a ello, la elección de Fosse se mostró como una decisión acertadísima, ya que su experiencia como coreógrafo permitió montar los brillantes números musicales de Cabaret. También ayudo a que la ambientación se cuidara al detalle, logrando reflejar con gran precisión el ambiente despreocupado, bohemio y libertario de los cabarets de los años 30.

Por encima de todo, como apuntaba antes, Cabaret brilla con luz propia gracias a unos soberbios números musicales que se incardinan perfectamente en una historia muy bien desarrollada. La película contiene los archifamosos números musicales Wilkommen, Money money o “If you could see her”, que son, por sí solos, unas joyas artísticas. Pero si he de quedarme con una de las partes musicales del film, elegiría sin dudarlo la canción “Tomorrow belongs to me” (el mañana me pertenece). La secuencia comienza en una agradable reunión dominical, en una cerveceria al aire libre donde un grupo de ciudadanos disfruta de un domingo. De pronto, un joven de aspecto ario comienza a cantar lo que parece una suave balada campestre, que va subiendo de intensidad progresivamente, logrando que todos los presentes se unan con vehemencia al coro de voces que proclaman que el futuro les pertenece, mientras un anciano con aspecto de judío baja la vista apesadumbrado. En poco más de tres minutos, esa escena construye una parábola arrolladora sobre el ascenso del nazismo en Alemania, a la vez que da lugar a una de las secuencias míticas de la historia del cine.

Por supuesto, otro apartado muy destacado del film radica en sus brillantes interpretaciones. El británico Michael York, logró sin lugar a dudas el mejor papel de su carrera interpretando Brian Roberts, trasunto de Isherwood, con el que el actor compartía, además de un notable parecido físico, el aire mismo aire lánguido y frágil del escritor. Y poco se puede decir de la brillantísima intepretación de Liza Minelli, cuya caracterización con medias negras de rejilla, shorts, camisa y Bombin se convirtió en uno de esos iconos imperecederos creados por el cine. Igualmente los actores secundarios también rayan a un gran nivel, en especial Joel Grey como maestro de ceremonias del cabaret.

Pese a ello, y al éxito arrollador que obtuvo Cabaret, algunas críticas restaron méritos al film, haciendo referencia a su largo metraje o al hecho de que las subtramas románticas restaban interés al film, especialmente la de Natalia con Fritz. Aunque puede haber algo de verdad en esto (de hecho, la introducción de esa subtrama fue impuesta por la productora) lo cierto es que Cabaret es un prodigio de dirección artística inspirada, brillante puesta en escena y convincente desarrollo argumental. Solo por sus soberbios e inolvidable números musicales el film ya merecía pasar a la historia del Séptimo Arte, y es que como afirman los protagonistas… “Life is a Cabaret”.

5 comentarios:

yossarian dijo...

Hola.

Totalmente de acuerdo.
Creo que es el último gran musical.
Y la sensación al escuchar la canción "El mañana nos pertenece" es siempre inquietante. La interpretación es conmovedora y emocionante, pero cuando sabes todo lo que vino después, se hace un nudo en el estómago.

Formalmente es una maravilla y Lizza Minelli recibió y nos devolvió un regalo grandioso con su Sally. Creo que nunca estuvo tan bien.

Y el final (lo he comentado en tu otro blog) con las esvásticas reflejadas y la música poco a poco desacompasándose y desafinándose, no puede ser más sugerente.

Un saludo
(y voy a echar un vistazo a este blog, que es mi primera visita...)

Von Kleist dijo...

Buenas Yossarian

Es verdad que el final es uno de esos finales que ponen broche de oro a las grandes películas. La imágen del maestro de ceremonias que se va difuminando conforme en el espejo se ven las esvásticas y uniformes pardos de la SA es otra magnífica alegoría del advenimiento del nazismo.

Eso sí, para Liza Minelli supuso "morir de éxito". Después de su enorme papel como Sally, nunca brilló a la misma altura. En todo caso, es una de las grandes películas de todos los tiempos.

Saludos

Major Reisman dijo...

Buenas

Es una de mis 10 películas favoritas. Y como tú, yo también me quedo con la secuencia de "Tomorrow belongs to me". Para mí es el apoteosis de la película.

Por cierto, yo creo que el anciano no es judio (a mi no me lo parece) yo creo que es un veterano que ha padecido los horrores de la IGM y que se desepera porque su nación va a volver a caer en el mismo infierno otra vez. Pero bueno, eso demuestra que cada persona ve la misma cosa con ojos distintos.

Y a destacar la escena que cierra dicha secuencia. Brian y Max se largan y el primero le dice al otro "¿Estais seguros de poder controlarlos?"

MAGISTRAL

Un saludo

Von Kleist dijo...

Hola Reisman

Gracias por el comentario. Para mi, "Cabaret" también está entre las mejores 10 películas de todos los tiempos. Sobre el anciano, a mi me parece que tiene aspecto judío, pero en cualquier caso, el mensaje que se quiere trasladar está claro: todos aquellos menos "arios" sabían que lo que les esperaba no era bueno.

Sobre la frase de Brian al Barón Max Von Heune, creo que decia exactamente en la VO: "You still think you can control them"?. Por cierto, otro aspecto que encanta de la escena: las caras y expresionens que ponen los cantantes que se van uniendo al coro de voces; son calcadas a las que se veian en el público asistente a los discursos de Hitler. Una escena logradísima en todos sus aspectos.

Me alegro de que compartamos el gusto por esta gran película.

Saludos

Freezek dijo...

Acabo de ver la película y es impresionante que no sabemos que cosas al principio insignificantes pueden hacer grandes destrozos,me llama la atención que ellos Sally y briant vivieran su momento y luego una despedida se siente que era dura pero necesaria ambos tenían dos caminos diferentes.